Lágrimas
de un sueño.
Todavía
no sé el motivo exacto por el cual no le gusta que la vean competir, aunque
sospecho algo. Desde el respecto y la admiración he indagado en su mente sobre
esta circunstancia y aún no he logrado una respuesta satisfactoria, aunque eso
no es lo más importante aquí.
Lo
que hoy os quiero contar es la historia de una chica joven, casada y con dos
hijos de profesión maestra, que tras dejar el deporte con 12 años, la gustaba
nadar, no volvió a hacer deporte. Fue hace unos años cuando junto a su esposo,
decidieron cambiar de vida y practicar deporte, su sueño hacer duatlón,
triatlón, incluso medias maratones y maratones.
El
primer gran objetivo planificado hace un año, fue correr una media maratón,
pero para ello todavía le quedarían muchos obstáculos para tocar el cielo. Principalmente,
además de entrenar duramente, cuidarse la alimentación de modo exhaustivo para
poder coger la forma adecuada para poder entrar en meta en el tiempo máximo
permitido, y recuperar cada día mejor de los entrenamientos. De hecho a pesar
de que ha tomado todas las cautelas, al final ha tenido lesiones que la han
impedido llevar un ritmo normal de preparación.
Tan
sólo hace unos meses y aún con los contratiempos decidió atacar la preparación
para la media, su reto, su gran sueño. A partir de ese momento empezaron todas
las dudas, los altibajos psicológicos, por ello creo que decidió finalmente
mantener su secreto hasta al final con la única complicidad de su marido. Según
me contaba después, llevo a tal extremo su secreto sellado a cal y canto que para
que nadie lo supiera, la mañana misma del evento, se despidió con un beso de su
marido sobre las ocho, porque temía que los compañeros de él, entre los que me
encontraba, la viéramos, sería más fácil percatarnos de ella, según ella misma
me cuenta. Además para asegurar no ser identificada por nadie que la conociese,
se puso un chubasquero, gorra y gafas de sol.
Justo
a las nueve y cinco minutos dan el pistoletazo de salida, los nervios a flor de
piel, la cabeza un mar de dudas y recuerdos. Pero inevitablemente, el
pistoletazo de salida la hizo entrar en acción, ya no había tiempo para
permanecer impasible, la marabunta empezó a avanzar lentamente y ella se vio
arrastrada con ella. Según empezaron a pasar los primeros kilómetros su mente
se fue despejando paulatinamente, recordando todos aquellos mensajes positivos
que le habían dado sus consejeros deportivos: que no te preocupes por el ritmo,
que bebas en los avituallamientos, que distingas el dolor de la molestia, que
aunque es duro se puede conseguir..., pero un desafortunado dolor, especie de
desgarro en el tobillo, describe ella misma, le empieza a complicar su sueño a
mitad de la carrera. Pero ella no se viene abajo, y aunque con muchas dudas,
sigue su carrera con paso firme y la mente puesta en su único objetivo, oye las
vocecillas de lo aprendido en estos meses con sus amigos, y a pesar de que la
fatiga de su cuerpo es mayor, la molestia de la pierna no aumenta, ya tan sólo
la faltan 3 kilómetros para llegar a meta y sabe que lo puede conseguir.
Ya
estamos en la recta de meta, y empieza a ver los arcos de publicidad,
anteriores al arco final de meta con cronometro muy visible desde
aproximadamente 600 metros, según empieza a pasar por debajo de los primeros
arcos, empieza la fiesta, la celebración del sueño, tira la gorra al aire, lo
celebra primero ella misma, saborea las mieles de su propio éxito.
La
gesta, el momento épico, se consumó el 29 de marzo, en la Media Maratón de
Madrid, cuando la hercúlea, la guerrera e imparable luchadora cruzaba la línea
que separaba, el fracaso de la gloria, con la mirada vidriosa y recíproca de su
cómplice. ¡Todavía me emociono según me lo cuentan! Para ellos fue uno de los
momentos más felices de su vida desde que llevan casados.









