jueves, 9 de abril de 2015

Lágrimas de un sueño


Lágrimas de un sueño.


   Todavía no sé el motivo exacto por el cual no le gusta que la vean competir, aunque sospecho algo. Desde el respecto y la admiración he indagado en su mente sobre esta circunstancia y aún no he logrado una respuesta satisfactoria, aunque eso no es lo más importante aquí.
 
   Lo que hoy os quiero contar es la historia de una chica joven, casada y con dos hijos de profesión maestra, que tras dejar el deporte con 12 años, la gustaba nadar, no volvió a hacer deporte. Fue hace unos años cuando junto a su esposo, decidieron cambiar de vida y practicar deporte, su sueño hacer duatlón, triatlón, incluso medias maratones y maratones.

   
   El primer gran objetivo planificado hace un año, fue correr una media maratón, pero para ello todavía le quedarían muchos obstáculos para tocar el cielo. Principalmente, además de entrenar duramente, cuidarse la alimentación de modo exhaustivo para poder coger la forma adecuada para poder entrar en meta en el tiempo máximo permitido, y recuperar cada día mejor de los entrenamientos. De hecho a pesar de que ha tomado todas las cautelas, al final ha tenido lesiones que la han impedido llevar un ritmo normal de preparación.


   Tan sólo hace unos meses y aún con los contratiempos decidió atacar la preparación para la media, su reto, su gran sueño. A partir de ese momento empezaron todas las dudas, los altibajos psicológicos, por ello creo que decidió finalmente mantener su secreto hasta al final con la única complicidad de su marido. Según me contaba después, llevo a tal extremo su secreto sellado a cal y canto que para que nadie lo supiera, la mañana misma del evento, se despidió con un beso de su marido sobre las ocho, porque temía que los compañeros de él, entre los que me encontraba, la viéramos, sería más fácil percatarnos de ella, según ella misma me cuenta. Además para asegurar no ser identificada por nadie que la conociese, se puso un chubasquero, gorra y gafas de sol.


   Justo a las nueve y cinco minutos dan el pistoletazo de salida, los nervios a flor de piel, la cabeza un mar de dudas y recuerdos. Pero inevitablemente, el pistoletazo de salida la hizo entrar en acción, ya no había tiempo para permanecer impasible, la marabunta empezó a avanzar lentamente y ella se vio arrastrada con ella. Según empezaron a pasar los primeros kilómetros su mente se fue despejando paulatinamente, recordando todos aquellos mensajes positivos que le habían dado sus consejeros deportivos: que no te preocupes por el ritmo, que bebas en los avituallamientos, que distingas el dolor de la molestia, que aunque es duro se puede conseguir..., pero un desafortunado dolor, especie de desgarro en el tobillo, describe ella misma, le empieza a complicar su sueño a mitad de la carrera. Pero ella no se viene abajo, y aunque con muchas dudas, sigue su carrera con paso firme y la mente puesta en su único objetivo, oye las vocecillas de lo aprendido en estos meses con sus amigos, y a pesar de que la fatiga de su cuerpo es mayor, la molestia de la pierna no aumenta, ya tan sólo la faltan 3 kilómetros para llegar a meta y sabe que lo puede conseguir.


   Ya estamos en la recta de meta, y empieza a ver los arcos de publicidad, anteriores al arco final de meta con cronometro muy visible desde aproximadamente 600 metros, según empieza a pasar por debajo de los primeros arcos, empieza la fiesta, la celebración del sueño, tira la gorra al aire, lo celebra primero ella misma, saborea las mieles de su propio éxito.


   La gesta, el momento épico, se consumó el 29 de marzo, en la Media Maratón de Madrid, cuando la hercúlea, la guerrera e imparable luchadora cruzaba la línea que separaba, el fracaso de la gloria, con la mirada vidriosa y recíproca de su cómplice. ¡Todavía me emociono según me lo cuentan! Para ellos fue uno de los momentos más felices de su vida desde que llevan casados.

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