Como lo prometido es deuda, me
debo a mi palabra. La prometí que si la cosa salía bien, escribiría una segunda
parte de Lágrimas de un Sueño.
En la primera parte os decía que:
“no sabía el motivo exacto por el cual no le gusta que la vean competir, aunque
sospecho algo. Desde el respecto y la admiración he indagado en su mente sobre
esta circunstancia y aún no he logrado una respuesta satisfactoria, aunque eso
no es lo más importante aquí”
“Lo que hoy os
quiero contar es la historia de una chica joven, casada y con dos hijos, de
profesión maestra, que tras dejar el deporte con 12 años, la gustaba nadar, no
volvió a hacer deporte. Fue hace unos años cuando junto a su esposo, decidieron
cambiar de vida y practicar deporte, su sueño hacer duatlón, triatlón, incluso
medias maratones y maratones”
Pues bien, una vez hecha esta breve
introducción de la primera parte, que terminó con final feliz. Continuamos con
la historia de nuestra guerrera insaciable. Después de muchas dificultades y
dolores, pudo acabar su primer gran sueño, correr una media maratón, esto es la
Media Maratón de Madrid. A partir de entonces siguió entrenando con muchos
dolores y sin asimilar bien el entrenamiento, porque los ritmos que la mandaban
eran más fuertes de los que su cuerpo estaba preparado para soportar, tanto su
peso como su adaptación muscular no eran adecuadas a las cargas que le
planificaban. Por ello se lesionaba mucho y no veía progresión.
Poco después de correr aquella Media
Maratón, a través de mi mujer Palmira, su
gran amiga, la dijo que me pidiera consejo.
A partir de aquí os pido perdón, en algunos puntos, en los que me apunto
méritos, porque aunque lo hago con fines descriptivos, me da vergüenza porque
me parece una vanidad hablar bien de mi mismo. Bien, dicho esto, continuamos
con nuestra protagonista, Nuria Almendro.
Cuando para la primavera del año
pasado me rellenó la ficha del corredor,
puso como objetivo principal correr la Maratón de Sevilla. Me pidió que no se
lo contara a nadie, y mantuve su secreto hasta el final. A partir de ese
momento, empezó un arduo camino. Lo primero que quería aclarar, es que prefiero
enfocar normalmente a los principiantes para otras distancias más cortas, para
ir preparando mejor al organismo, pero en este caso acepté el reto por las
características físicas y psicológicas de Nuria.
Nuria además, de tener que adaptar su cuerpo al
entrenamiento, venía cargada con una mochila muy pesada, llena de miedos,
complejos, y una baja estima provocada por terceros. Por otro lado contaba con
una fuerza interior capaz de mover montañas y una capacidad de trabajo
extraordinaria. Además siempre contó con el apoyo incondicional de su marido,
Javier y de su amiga y confidente Palmira, y como no con el mío también.
Pues el gran mérito que hay que
atribuir a esta cosaca es vencer todas estas adversidades: entrenadores,
compañeros y personas que no supieron comprenderla, motivarla y darla una
acogida como cualquier persona se merece cuando
se inicia en cualquier actividad. Vencer todos los miedos,
principalmente no le gustaba competir y hacer un esfuerzo ímprobo tanto en el
cuidado de la alimentación como el entrenamiento, se convirtieron en los
primeros obstáculos a salvar.
A todo lo anterior hay que unir
la mala suerte con la que se topó, una lesión que tenía en el píe, que ya la
estaba dando guerra desde hace meses. Poco a poco fue perdiendo los miedos,
compitió en carreras como El Arenal (Ávila), en la cual me dijo que había
disfrutado de lo que es correr. Pero en la carrera de Mejorada (Toledo), el día
8 de agosto, empezó otra vez a tener molestias en el píe, al final se le puso
el pie muy hinchado. Todavía recuerdo, lo mal que lo pasó en las vacaciones. No
pudo entrenar en Salou la mitad de los días, alternaba natación con bicicleta, y un poco de trote para mantener la forma.
Vinimos de las vacaciones y el problema seguía, incluso se llegó a agravar
hasta el punto de que tuvo que parar por completo de correr. La desolación, el
desconsuelo eran totales, pero aún así, su fuerza interior le empujaba a no
tirar la toalla. Siguió preparando su cuerpo con sesiones de ciclismo y
natación, y ejercicios de acondicionamiento físico, que podía ejecutar sin problemas. Entrado mediados
de septiembre, tuvo que retomar a tope su trabajo como maestra. Fue de
especialista en especialista, buscando una solución, a un problema que para
algunos doctores no tenía solución alguna, incluso uno la dijo que no podía correr.
El sinsabor de ésto, unido a la carga de trabajo de inicio de curso en el
colegio, me hicieron pensar lo peor en algunos momentos, de hecho ella me ha
confesado que, efectivamente, pensó en mandarlo todo al carajo.
Yo con mi frialdad aparente y
ella con su tesón, con el gran apoyo de su marido y Palmira, pudimos continuar. Realmente fue uno de los momentos más críticos. Siempre estuvimos para
apoyarla, para buscar soluciones, para que su pie cavo empezará a funcionar. Después de más o menos un mes,
después de darle muchas vueltas y con todas las pruebas realizadas, a la vez
que hacía ejercicios para fortalecer el píe. Decidimos que fuera a hacerse unas
plantillas a una de las mejores clínicas de Madrid, sino la mejor. Con
plantillas y todo, al principio al píe y mente le costaba salir de esa espiral
tan negativa que es el dolor. Mi idea como siempre adaptar al píe poco a poco,
adaptar la nueva plantilla al entrenamiento. Ella ni corta ni perezosa, quería
probarse, lo entiendo y se hizo 10 kilómetros del tirón. No os cuento la bronca
que la cayó, pobrecilla. A partir de entonces, hicimos un pacto de paciencia.
Nuria empezó a andar y correr, mezclándolo con circuitos de fuerza. Mucho andar
alternado con correr y circuitos por todos lados. Nuria se tupió a realizar
circuitos de fuerza, a fortalecer y a prepararse psicológicamente para
conseguir su gran sueño.
Sin darnos cuenta, a pesar de
tanta decepciones, nos metimos en el otoño, y como por arte de magia el dolor
empieza a desaparecer poco a poco. El volumen es mínimo y la intensidad es muy
suave en estas primeras semanas de octubre, saltándonos las competiciones de
este mes. Empezamos el primer pequeño test el 8 de noviembre en la carrera del
Instituto Padre Juan de Mariana, con un buen ritmo. Y paulatinamente a medida
que se va acercando el gran objetivo, siempre con los fantasmas de la lesión y
otros pensamientos negativos, corrió en la Carrera del Barrio y la San
Silvestre de Talavera con unas sensaciones espectaculares, cambiando aquellos
pensamientos más oscuros por otros que la hicieron brillar con más luz que
nunca. Fue capaz de correr por debajo de los 4:50 en esas carreras de 6
kilómetros.
Todavía quedaba lo más duro,
volver a correr otra Media Maratón, y realizar unas tiradas de kilómetros con
la suficiente entidad para que físicamente pudiera estar apta para poder
concluir con éxito el Maratón. Los ritmos en la series cada vez eran más
rápidos, la soltura y fluidez de su zancada cada vez más fácil y poderosa. Me
consta, que su autoconfianza fue creciendo, lo percibía en los mensajes que me
enviaba después de concluir sus sesiones, especialmente las series y rodajes más largos. De todos modos, tenía
las lógicas dudas que cualquiera que quiere emprender una empresa de tan tamaña
envergadura. Recuerdo que me repitió ya casi cansinamente, je,je,je, que si con
30 kilómetros llegaría a meta, que todavía la quedaban 12 kilómetros.
La media maratón de Getafe, nos
sirvió como un gran test, con un tiempo fabuloso corrió a un ritmo medio de
5:20 por kilómetro. Las primeras lágrimas de un sueño empezaron a salir de los
ojos de Nuria y porque no decirlo también de los míos. Fue un gran salto,
cuando el día 31 de enero pudo correr con esa solvencia los 21 kilómetros y
pico. Ya en las últimas semanas empieza a realizar los mejores tiempos en los
entrenamientos, y aún a pesar de sus lógicas incertidumbres todo parecía que
iba rodado. En el último gran
entrenamiento me pidió un favor, que no fuéramos a acompañarla como yo había
previsto. Dijo que ella se quería enfrentar en soledad a los 30 kilómetros, “a
sus miedos” y como una gran guerrera se calzó sus zapatillas por la mañana, se
despidió de su marido y sus hijos culminó ella solita una de sus mayores hazañas.
Porque para ella, todo esto era nuevo. Fue su nuevo record en distancia.
Sevilla se acercaba a toda
velocidad. Esos días próximos a la competición que los entrenamientos son más
livianos y el cuerpo está más descansado hace que la cabeza esté más activa y
con ella vengan pensamientos de todos los colores y sensaciones vertiginosas.
Pero realmente la historia estaba prácticamente escrita, a pesar de que ella
decía que estaba cagada. Su carácter luchador y su gran capacidad para
sobreponerse a las adversidades, acompañadas del cariño y compresión de su
marido y algunos consejos que la dimos la hicieron pasar la noche en Sevilla, eso
sí, en un duerme vela. El domingo 21 de febrero se daba el pistolero de salida
a las 9 de la mañana. Palmira y yo desde aquí, inquietos, esperando algún
mensaje de Javi, para que nos dijera algún paso de tiempo. Recuerdo que parecía
una final de copa del mundo, mi corazón latía deprisa, Palmira nerviosa. En el
kilómetro 14 Javi, nos manda un mensaje, que decía. Va en tiempo, y que la dijo
que dijera a Palmira que la quería. Ya no supimos nada de ella hasta que poco
después de que llegara a meta Javi nos volviera a escribir y nos diera la gran
noticia.
Los últimos kilómetros dice que
no podía correr de la emoción que llevaba dentro de su interior, dice que no
sufrió físicamente nada y que se encontró de maravilla durante todo el
recorrido. Los últimos metros me cuenta
Nuria que los hizo llorando de alegría y me imagino la cara de felicidad de
ella y su marido cuando se volvieron a encontrar después de casi 4 horas de
navegar por mares desconocidos para ella. La gran Nuria había vencido al Leviatán, a ese gran monstruo a que todo maratoniano se
le representa en forma de miedos, muros e incertidumbres.
A los pocos días de terminar el
maratón Nuria, que además de ser una sufridora nata, es una persona con un
corazón enorme, le regaló a su amiga Palmira, la medalla que representa su
sueño, la cual está humedecida por las lagrimas de ambas.




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